|
BIENVENIDA
Tú penetraste en mi alma, trayendo la alegría Que da tras de la noche la blanca luz del día. |
|
Me trajiste el consuelo de tus dulces amores, Como un manojo grato de perfumadas flores. |
|
Me trajiste la dicha, me trajiste el consuelo, Que yo sólo pensaba encontrar en el cielo. |
|
Me mostraste las mieles de tu rara pureza Y el tesoro brillante de tu fina belleza. |
|
Te acercaste a mi estancia, presurosa y sonriente, Portando entre tus labios el dorado nepente. |
|
Que fue para mi vida de torcedor quebranto De una alondra gozosa el mañanero canto. |
|
Tú penetraste en mi alma, trayendo la alegría Que da tras de la noche la blanca luz del día. |
|
Tus cabellos hermosos serán como unos lazos Que habrán de poseerme como fuertes abrazos; |
|
Tus ojos, de pupilas magníficas y bellas, Brillarán en mis noches como claras estrellas; |
|
Tus labios serán vasos de néctares extraños, Donde nunca la ofrenda será de desengaños; |
|
Tus mejillas perfectas serán, con embelesos Campo suave y seguro donde pondré mis besos; |
|
Tus manos, manos puras como dos azucenas, Pasando por mi frente, disiparán mis penas. |
|
Vagaremos unidos por los campos, contentos, Bebiéndonos amantes nuestros propios alientos. |
|
Cruzaremos muy juntos la selva engalanada Y escucharemos trinos de amor en la enramada. |
|
Nuestra vida futura será como una historia Toda llena de gratos resplandores de gloria. |
|
Tú penetraste en mi alma, trayendo la alegría Que da tras de la noche la blanca luz del día. |
Panamá, junio de 1925 Del libro: Poemas Líricos de Eduardo L. Maduro Lindo |